La pizarra digital entra con buen pie en las aulas aunque exige ciertos cambios según los expertos
En el sector educativo se están introduciendo cambios importantes de la mano de las nuevas tecnologías. Cada vez es más habitual que en las aulas se empleen dispositivos como las pizarras digitales interactivas. Una práctica que presenta ventajas para docentes y alumnos, aunque con su utilización es preciso que en el sistema educativo se introduzcan algunos cambios como el currículo o el sistema de evaluación.
La introducción de la pizarra digital interactiva (PDI) en el aula está siendo positiva. Al menos así lo considera el 88,6% de los maestros y expertos. Además, el 85% considera que su impacto en la educación es favorable puesto que contribuye a aumentar la atención de los alumnos, la motivación y la participación, aparte de presentar otras ventajas adicionales como la potenciación de la memoria visual, la comprensión de temas y favorecer que adquieran más soltura en la realización de exposiciones y expresión de argumentos. Además, el 50% cree que su empleo mejora las calificaciones académicas.
El estudio también recoge que la introducción de la PDI conlleva ventajas para los profesores al facilitarles la realización de actividades colaborativas, el trabajo en grupo, las correcciones colectivas y la enseñanza, aprendizaje y renovación metodológica. Igualmente, el uso de estas pizarras tiene un efecto positivo en la satisfacción, motivación y autoestima del maestro. De hecho, algunos maestros ya consideran incómodo “tener que dar clase sin la pizarra digital y lo mismo le ocurre al alumnado”, afirma el docente Agustín Carrecedo.
Los maestros, además, han mostrado su acuerdo en que se debe dotar al alumno de las competencias necesarias para que, a lo largo de su vida, pueda buscar, obtener, procesar y transmitir información para convertirla en conocimiento.
Además para que esta capacitación del alumno sea adecuada, aparte de dotar a los centros educativos de bienes digitales, se debe interactuar para que se estimulen habilidades como la colaboración, creatividad, alfabetismo digital y resolución de problemas, que cada vez están siendo más demandadas, sobre todo, en el ámbito laboral.
La introducción de las nuevas tecnologías en el aula debe llevar además de forma pareja algunos cambios adicionales. Según Jordi Adell Segura, director del Centro de Educación y Nuevas Tecnologías de la Universitat Jaume I, habría que revisar los horarios y la estructura de la clase porque “no podemos tratar a todos los alumnos de la misma manera. Quizás también haya que tocar la estructura del currículo” –apunta-, y “unificar, por ejemplo, las matemáticas y las ciencias sociales para hacer cierto tipo de cosas. Es necesario desarrollar nuevas competencias y capacidades”.
Igualmente deberían modificarse los métodos de evaluación para valorar la capacidad de los alumnos para desarrollar las competencias asociadas al nuevo modo de aprendizaje. Salvador Llopis, del IES Valle del Tiétar de Ávila, lo tiene claro: “no se puede enseñar con las TIC y evaluar como hace 20 años”.
Pero, para que todo este método de enseñanza apoyado en las nuevas tecnologías funcione y consiga los objetivos marcados es preciso que haya contenidos digitales y el software necesario para que profesores y alumnos puedan aprovechar al máximo la educación. Unos elementos que son fundamentales, pero que precisan de una transformación de las editoriales tradicionales, de la aparición de nuevas iniciativas empresariales y de la participación de las instituciones educativas.
Y otro aspecto clave es el papel de los padres, que deben hacer un mayor esfuerzo para seguir la educación de sus hijos sin sentir que están ‘fuera de onda’.
Webgrafía: http://www.aprendemas.com/Noticias/html/N8712_F16062011.html
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